Cariño, he digitalizado a los niños

¿Es la tecnología cosa de niños? A primera vista, muchos responderían que no. Pero la realidad es bien distinta. Y es que la tecnología está presente en la vida diaria de todas las personas; desde los pequeños hasta los mayores de la casa, ya sea directa o indirectamente.

Las cifras indican que el uso de tabletas y smarthpones por parte de los niños es ya algo cotidiano. Según un estudio de Common Sense Media (2013), en Estados Unidos, un 72% de los niños de 0 a 8 años han utilizado dispositivos móviles alguna vez, y un 17% los emplea a diario. Y es significativo también que un 38% de los niños menores de 2 años han utilizado alguna vez tabletas o smarthpones. Sí, esto ocurre en EE.UU., pero el panorama es bastante cercano a lo que nos encontramos en el continente europeo. Y las cifras se hinchan conforme se va aumentando el rango de edad, hasta el punto de que, en España, un 66% de los menores de 10 a 15 años disponen ya de un teléfono móvil propio. Y, estos números, en unos años irán a más.

Hoy en día, no nos extraña ver a un niño jugando con el móvil o la tablet de sus padres. Y no es difícil encontrar niños que empiezan a manejar estos aparatos o hasta son capaces de buscar su canción favorita en un smarthpone incluso antes de aprender a hablar. Tampoco nos asombramos cuando nos dicen que el “juguete” estrella de estas navidades han sido las tabletas infantiles (en su mayoría, tabletas para mayores de 6 años).

Niño con SmarthponeMuchos expertos, y creo que con razón, achacan esta “moda infantil” a los hábitos de utilización de estos dispositivos por parte de “los mayores”. Y es que, si algo no ha cambiado, es que el ejemplo es con mucho la mayor fuente educativa del ser humano. Los niños son “como esponjas”. Y, si continuamente están expuestos a situaciones sociales y en el hogar en las que ven a gente utilizando una pantalla, ellos también lo querrán hacer.

¿Pero es esto motivo para encender la luz de alarma? Bajo mi parecer no; pero sí para llamar a la serenidad y al sentido común. Hubo antes otras revoluciones tecnológicas y educativas que supusieron reacciones parecidas. Los tiempos cambian, la ciencia avanza y las costumbres, también. Se habla ya de una cultura digital, y se entiende este mundo como una parte más de la sociabilidad y el comportamiento humano. En las escuelas se empieza a desarrollar ya la competencia digital a través de lo que algunos llaman alfabetización digital. ¿Y es esto malo? No; solo se trata de preparar a las futuras generaciones para el mundo en el que viven y en el que les va tocar vivir.

En su día se demonizó la televisión, los ordenadores, Internet…y, en la actualidad, son medios totalmente arraigados. Pero, como en todo, hay que tratar de aprovechar al máximo sus potencialidades y estar atento a los malos usos que se pueden derivar y a los peligros que puede conllevar su uso. Como se suele decir, lo malo no es su uso, sino su abuso, y que se lleguen a utilizar sin las debidas medias de precaución.

Los medios digitales poseen un amplio abanico de posibilidades educativas y, además, juegan con una baza a su favor: bien utilizados, son muy motivadores. A través de determinadas apps y juegos se pueden desarrollar capacidades y habilidades que difícilmente se pueden trabajar con otro tipo de metodologías. Y, en las aulas, nadie se atreve a negar las posibilidades que brindan las pizarras digitales…

Yo pertenezco a esa generación que ha crecido acompañada de las pantallas, los videjuegos, la expansión de la informática e Internet. Con el tiempo, sé que jugando al pong, por ejemplo, desarrollé mi coordinación óculo-manual y mis inteligencias lógico-matemática y espacial, mientras que con otros videojuegos perfeccionaba habilidades como la toma de decisiones, la creatividad e incluso el aprendizaje de idiomas (había cantidad de juegos que no estaban traducidos…). Y, después, llegaron dispositivos como la Eye Toy, la Nintendo DS… que nos permitían mucho más, pudiendo interactuar en mayor medida y trabajar la psicomotricidad y otras capacidades espaciales y visuales como nunca antes se había podido realizar.

Pero también soy consciente de que nunca hubiese aprendido las leyes básicas del equilibrio si no hubiera montado en bicicleta (ni hubiese sentido la sensación de velocidad y el viento en la cara…), que no sabría interpretar las leyes físicas elementales si no hubiese visto rebotar mil veces la pelota de baloncesto en la canasta o no se me hubiera desmoronado en otras tantas ocasiones mi castillo de construcciones por colocar mal un bloque. Del mismo modo, tendría problemas de psicomotricidad si no hubiera jugado con raquetas y al pilla-pilla, y, posiblemente, de sociabilidad si no me hubiese juntado con los amigos para montar partidillos de fútbol o jugar al escondite….

Estas son sólo unas reflexiones de miles que se podrían hacer. Pero creo que es perfectamente factible, y necesaria, la coesixtencia de todo tipo de juegos y métodos de aprendizaje, incluyendo por supuesto las actividades digitales; pero siempre dentro de esa máxima de moderación y utilización de las cosas en su justa medida y con una intencionalidad clara y definida.

Nuestro reto no es, por tanto, debatir si se deben utilizar o no las TICs al servicio de la educación, sino ahondar en su uso, promoviendo orientaciones y recomendaciones para que esta utilización sea correcta y ofreciendo recursos para alentar las ‘buenas prácticas’ educativas; esto es, convertirlas en lo que algunos vienen denominado desde hace algún tiempo como TACs (Tecnologías del Aprendizaje y del Conocimiento).

Ya se han hecho varios esfuerzos en este ámbito, pero son necesarios muchos más. Conforme se vaya consolidando en mayor medida su uso, irán surgiendo nuevas teorías, nuevos ejemplos, nuevas posibilidades y métodos… Como actores educativos, participemos en este incipiente enfoque y no nos quedemos atrás. Esa sí que sería una verdadera mala decisión…

 

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Óscar Montero

Pedagogo, optimista y eterno aprendiz de informática. Las tecnologías son mi pasión y mi trabajo. Y mis aficiones el deporte y los viajes.
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