Consejos para potenciar y exprimir al máximo la experiencia de tu Comunidad de Aprendizaje

La tipología de cursos de e-Learning es inmensa. Encontramos desde cursos en los que el alumno lleva un proceso de aprendizaje totalmente autónomo a cursos donde “lo social” y el aprendizaje colaborativo se establecen como estandarte y pilar básico de la experiencia formativa.

En este post, me referiré a aquellos cursos que establecen la práctica comunitaria como elemento metodológico importante para la consecución de sus objetivos. Cursos que, para ser llevados a cabo correctamente, necesitan inevitablemente la figura del denominado tutor o “profesor acompañante”.

El tutor debe establecerse como guía y conductor de la Comunidad de Aprendizaje. Su labor es la de llevar el barco del conocimiento a buen puerto. Por eso, debe tener claros algunos aspectos que veremos a continuación o, de lo contrario, puede encontrarse con tormentas y vientos desfavorables que pueden hacer naufragar a toda su tripulación (o, por lo menos, a parte de ella).

Consejos para gestionar tu Comunidad de Aprendizaje

1. Buen ambiente

Un aspecto básico es favorecer la creación de un clima grupal adecuado. Es importante mantener los aspectos formales, pero también hay que dejar espacio para que fluya la espontaneidad y la naturalidad. Se trata de hacer que los alumnos hagan del curso “su sitio”.

Un curso en el que reine el espíritu de cooperación, el respeto mutuo, la cercanía y el buen humor será infinitamente mejor aprovechado que uno que no cuide estos aspectos.

¿Cómo conseguirlo? Deja espacios para la comunicación interpersonal; fomenta la creación y el uso de un código humorístico compartido; utiliza mensajes positivos y optimistas; vigila y estate atento a cualquier indicio de conflicto o conducta disruptiva.

Apagar el fuego cuando tan sólo es una chispa nos ahorrará tener que enfrentarnos a un incendio.

2. Conviértete en un ‘coach’

Apúntate al ‘coaching’ y sé un verdadero líder ante “tus pupilos”:

  • Motiva a los estudiantes y dinamiza la experiencia de aprendizaje.
  • Guía pero no “hagas por ellos”. Conduce la acción y haz críticas constructivas.
  • Exige, pero comprende. Actúa siempre desde el respeto.
  • Valora el trabajo personal de cada uno.
  • Respeta los momentos del grupo (nacimiento, crecimiento y maduración) y toma decisiones adecuadas a cada situación.
  • En definitiva, aprieta, pero no ahogues. Propón retos realistas y adecuados al nivel y al contexto en el que se encuentran los alumnos.

¿Cómo conseguirlo? Actividades progresivas y adecuadas a las capacidades de los alumnos; actividades complementarias para distintos ritmos y niveles; feedbacks positivos y con vistas a construir (no destruir); comunicación fluida con los participantes y “de tú a tú”; actitud favorable y tolerante y tendencia a la superación dentro de las posibilidades.

Motivar y dinamizar, he ahí la cuestión. A veces un pequeño empujón a tiempo puede ayudarnos a subir una montaña…

3. Define bien las normas y los roles

Los roles de cada participante deben estar claros y bien definidos. ¿En este curso se distinguen profesores y tutores? ¿Hay un asesor de contenido y un asesor para asuntos técnicos? ¿Todos los alumnos pertenecen al mismo rango o hay niveles diferenciados?

Del mismo modo, las normas, criterios de evaluación, tareas, requisitos… deben quedar también bien reflejados para evitar conflictos. En definitiva, se trata de que cada integrante del grupo tenga claras sus funciones y responsabilidades y sepa a quién acudir en caso de duda o necesidad.

¿Cómo conseguirlo? Escribe y pon a disposición de los alumnos unas normas de conducta o un código de comportamiento, enumera en la presentación del curso los distintos roles (Profesor, Tutor, Autor, Estudiante, Asesor Técnico…) y describe sus principales funciones, añade una página de créditos o un enlace para dirigirse a alguien en caso de necesitar ayuda, crea un foro para la exposición de dudas y problemas.

Dedicar un tiempo previo al estudio y descripción de estos factores nos ahorrará después horas y horas de contestación a problemáticas y conflictos derivados de la falta de información.

4. Fomenta el sentimiento de pertenencia y el conocimiento entre los participantes

Haz a los sujetos partícipes de la propia comunidad. Da importancia a los rasgos que os unen y a la generación espontánea de valores compartidos.

Posibilita también distintos cauces de comunicación y genera espacios para el intercambio de ideas, experiencias, inquietudes… Se trata de crear sinergias y aprovechar el conocimiento personal de cada uno en beneficio del grupo, a la vez que creamos un lugar de relación entre iguales, en el que el grupo se enriquece mutuamente y cada participante se siente comprendido y valorado.

¿Cómo conseguirlo? Comienza el curso incitando a que los participantes se presenten; crea logos, imágenes y una estética diferenciada para el curso; crea espacios de comunicación informales, una cafetería virtual, por ejemplo; haz que cada participante incluya una fotografía, poner cara a alguien afecta a la creación de un vínculo de confianza; crea un hashtag compartido para que los alumnos lo utilicen en Redes Sociales; fomenta la creación de grupos y comunidades del curso en Facebook, Linkedin u otras Redes Sociales.

5. Presta atención al Feedback y la retroalimentación por parte de los alumnos

Si nadie nos dice que no estamos haciendo las cosas del todo bien, podemos persistir indefinidamente en un error sin ser ni siquiera conscientes de ello. Asimismo, siempre viene bien que nos valoren y nos indiquen nuestros puntos fuertes y débiles. Es importante crear cauces de retroalimentación y permanecer atentos a cualquier indicio de queja, error o dificultad por parte de los alumnos.

Sobre todo en las primeras ediciones de un curso, es normal que aparezcan erratas o fallos a nivel técnico o metodológico. Debemos estar atentos a los comentarios de los alumnos al respecto y asumir los fallos de manera natural.

La experiencia es un grado, pero hasta el más sabio se equivoca. Lo importante es asumir el error adecuadamente y estar abiertos a la mejora y al cambio continuo.

¿Cómo conseguirlo? Acepta los errores con humildad y sé rápido corrigiéndolos una vez detectados; establece vías para una evaluación continua: foro de errores, encuestas, cuestionarios, escalas…; haz seguimiento de los comentarios de los alumnos referentes al curso (dentro del curso y en Redes Sociales); crea mecanismos de evaluación en los que todos los actores de la formación aporten su punto de vista.

Nadie nace aprendido, equivocarse es necesario para el perfeccionamiento. La idea es siempre partir de lo que consideramos bueno, pero con vistas a convertirlo en “lo mejor”.

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Óscar Montero

Pedagogo, optimista y eterno aprendiz de informática. Las tecnologías son mi pasión y mi trabajo. Y mis aficiones el deporte y los viajes.
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