¿Se puede prescindir de antivirus?

El antivirus es unas de las partes de software más polémicas en un ordenador, independientemente de la gratuidad del mismo. Esto se debe a que es con diferencia uno de los programas que más memoria consume y más sobrecarga el procesador por estar en todo momento ejecutándose en segundo plano analizando cualquier actividad.

Por poner un ejemplo, un antivirus normalito instalado en Windows (destaco el caso de Windows por ser el sistema operativo más popular entre los usuarios) puede llevar a incrementar su tiempo de arranque en unos 30 o 40 segundos. Asimismo, a veces nos ocasiona más de un susto con los mensajes de falsas alarmas o “falsos positivos” que el propio sistema lanza de vez en cuando al considerar determinadas acciones externas amenazas para la seguridad de los equipos.

Por otro lado cabe destacar que los expertos estiman que la mayoría de los antivirus tardan de media dos días en detectar los virus, y que los malware o software maliciosos (virus, gusanos o troyanos) detectados por dichos antivirus sólo suponen el 50% del total de los ataques.

Entonces, ¿qué hacemos?

Desde luego que ningún antivirus garantiza una protección total. Un antivirus es necesario pero no suficiente para estar protegidos de las amenazas de la red debido a que el modo de trabajar de los usuarios va cambiando con el tiempo y, en consecuencia, también lo debe hacer el antivirus.

Por el estilo de vida que llevamos en la actualidad, cada vez son más las actividades que tienen que ver con la comunicación a través de las ondas. La mayor parte de los virus que infectan nuestros dispositivos proceden de Internet bien sea por descargar archivos a la ligera (sobre todo buscando software gratuitos) o por meter en los puertos USB cualquier tipo de memoria USB sin pensar en que éstas han podido ser empleadas en sitios poco seguros o directamente contaminados.

Es por ello que se recomienda mantener el antivirus en constante actualización y seguir una serie de pautas prácticas para estar protegidos, independientemente de si tenemos o no uno instalado en nuestro ordenador. Las más destacables son:

  • Usar un navegador fiable, así como claves y contraseñas seguras. (Recordad el post “Seguridad en Internet: Cómo proteger nuestras cuentas“).
  • Evitar descargas de archivos de los cuales no sepamos la procedencia o esta sea dudosa. O, inclusive, programas que se presenten como soluciones eficaces para problemas de software, velocidad de Internet, espacio en discos duros, etc. También deberíamos rechazar aquellos archivos que posean doble extensión ya que generalmente ocultan software malicioso.
  • No abrir correos electrónicos de desconocidos, sea cual sea el motivo. Tampoco de conocidos cuyos asuntos sean sospechosos. (Recordad el post “Ingeniería social: el arte de obtener información confidencial” ó “Nueva oleada de ataques masivos de Cryptolocker“).
  • Escanear todos los dispositivos de almacenamiento (pendrives, tarjetas SD, discos duros externos) a través de herramientas anti-malware, es decir, de programas que no sólo buscan virus si no también amenazas que pueden causar daños importantes en el equipo (gusanos, troyanos, spyware, etc.)
  • Actualizar el sistema operativo periódicamente para “parchear” o corregir aquellas vulnerabilidades de seguridad identificadas por el proveedor.
  • Proteger la red inalámbrica frente a intrusos mediante cortafuegos o “firewall” que impidan las entradas externas sin autorización (virus o gusanos que pretendan conectarse a nuestro equipo o pretendan descargar en él programas potencialmente peligrosos) y restrinjan la salida de información.

Asimismo cabría destacar que, al igual que no es recomendable no usar un antivirus, tampoco lo es tener varios instalados al mismo tiempo. Hacer esto podría llevar a conflicto entre ellos y bloquearse mutuamente y, en consecuencia, provocar que nuestro equipo se ralentice o incluso quedara desprotegido por incompatibilidades entre ambos antivirus.

Combina el antivirus con un buen criterio

El malware ha evolucionado tanto que es imposible protegernos de todas las amenazas. Por ello, aunque seamos cuidadosos en nuestras actividades en la red, no podemos dejar nuestro ordenador sin protección.

Aunque parezca sorprendente, hay mucha gente no partidaria del uso de antivirus por el coste, consumo de memoria, “fama” de los mismos, etc. Muchas veces confiamos demasiado de nuestros conocimientos y buenas prácticas para no ser infectados. Sin embargo, somos más vulnerables de lo que pensamos ya que la enorme evolución de software malicioso y el ingenio humano hacen casi invisibles los ataques. Por tanto, hay que ser conscientes de que, aunque nuestro equipo no contenga información sensible, podemos ser la puerta de acceso a otros equipos o redes de trabajo.

En definitiva, debemos saber que ningún antivirus protege un equipo al 100 %, siempre habrá un virus que consiga traspasar las barreras del mismo. Es por ello que, aunque dispongamos del mejor software del mercado, debemos ayudarnos del sentido común para conseguir entornos más seguros.

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Fausto López

Soy una persona alegre, positiva, en formación continua, responsable e implicado en todo lo que hago. En lo personal soy muy familiar, me encanta bailar, ir al cine y viajar.

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